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Es argentina, tiene 20 años, le diagnosticaron un cáncer que afecta a menos del 1% de los pacientes y hoy inspira a miles de seguidores en redes

“Sé que en estas semanas la vida de los demás siguió, pero la mía se pausó”, escribía Fátima Heinrich en su diario íntimo a fines de 2024, cuando le diagnosticaron neoplasia basaloide, un tipo de cáncer que representa menos del 1% de los tumores de pulmón a nivel mundial.
La baja incidencia del nódulo que le detectaron hizo que el procedimiento para erradicarlo/tratarlo se volviera tedioso. Personal de salud desorientado, una familia aterrada y un cuerpo a merced de la incertidumbre médica: así transcurrieron las primeras semanas de su enfermedad.
El cataclismo había comenzado en noviembre, cuando una Fátima de 19 años preparaba finales para la facultad y hacía planes para irse de vacaciones con sus amigas. “Empecé a sentir un dolor muy agudo cerca del omóplato. No podía ni describirlo”, recuerda. En un principio no le preocupó, pensaba que podía ser consecuencia de haber entrenado en el gimnasio o de un mal movimiento. Pero los días pasaban y la molestia persistía.
Acompañada por su mamá y su hermana, fue a hacerse una tomografía cuyos resultados, a primera vista, no manifestaban la presencia de algo extraño. Igualmente, debían aguardar a que llegara el informe firmado por el médico. A los días, recuerda, empezó a recibir una catarata de llamados. Cuando pudo atender, escuchó a su médico enunciar las seis palabras que marcarían un giro radical en su vida: “Tenés un nódulo en el pulmón”.

“Se me congeló la vida”, “entré en un limbo de disociación”, son dos frases que repite cuando se retrotrae a ese instante. Las consultas multidisciplinarias empezaron a ocupar de lleno su día a día. Las vacaciones con amigas dejaron de ser prioridad para dar lugar a estudios, salas de espera de hospital y quirófanos.
Para enero de 2025 ya habían extirpado el nódulo. Aunque eso no significó que no se sometería a más operaciones: dada la rareza del tumor, su cuerpo sería tocado por instrumentos quirúrgicos unas siete veces en total.
Con una enfermedad poco frecuente, se enfrentó a un laberinto difícil de salir
Abril traía consigo otra travesía: la quimioterapia. “Le tenía mucho miedo. Lloraba con mi hermana porque me negaba a imaginarme cambiada físicamente”, cuenta. Clichés como los que se muestran en películas, series y libros sobre pacientes en tratamiento por cáncer no ayudaban: vómitos, náuseas, hinchazón total del cuerpo, caída del pelo y, en casos, la reaparición del tumor. “Muestran todo como un drama y es muy desesperanzador”.
El hospital, su nueva casa
Pasó meses enteros viviendo en el hospital. Era su nueva casa, conocía a todo el personal de la planta y su familia y amigas pasaron a ser habitués en ese entorno. “Mi familia no me dejaba un segundo sola, pero al final del día ellos tenían la posibilidad de volver a casa, en cambio, yo no: solo me movía de un cuarto de internación a otro”.
Ahí encontró una aliada terapéutica: la escritura. Registraba en un cuaderno todo aquello que no podía verbalizar con sus seres queridos. Poesías, reflexiones, cuentos en los que le ponía nombre al tumor y párrafos que detallaban su internación. El talento nato y la facilidad con la que fluían las palabras eran algo totalmente nuevo. No recuerda disfrutar de escribir ni sentirse capaz de hacerlo cuando era más chica. “Aprendí que el tiempo deforma cuando hay miedo: hay días eternos y meses que desaparecen. Aprendí que, a veces, la vida te pide frenar justo cuando vos querés correr”, escribió en una de esas páginas.

Ese miedo por contar lo que tenía fue cediendo. Las múltiples operaciones y la quimioterapia “la curtieron”. “Mis amigas venían todos los días a verme y yo hacía un esfuerzo sobrehumano −por el efecto de la medicación y el tratamiento− para hablar con ellas. Ese ratito en el que me contaban algo que pasó en una fiesta el fin de semana me hacía salir mentalmente del hospital", reconoce.
Marina, su hermana, fue una pieza fundamental del proceso: “Me apoyé mucho en ella. Le agarraba la mano y sabía que, aunque fueran segundos, estaba a salvo”.
Inesperadamente apareció otro sostén: las redes sociales. Ahí Fátima empezó a subir videos mostrando los altibajos típicos por los que pasa un paciente en tratamiento, solo que en su caso añadía una cuota de humor. De repente, las visualizaciones y la cantidad de seguidores comenzaron a aumentar. El feedback se masificó y, sin buscarlo inicialmente, la joven tenía consigo una comunidad de seguidores pendiente de lo que subía.
Más de 1,5 millones de likes en su cuenta de TikTok ponen de manifiesto el fenómeno. Sin tener en cuenta los cientos de comentarios en las publicaciones en donde recibe mensajes de aliento, empatía y en los que sus seguidores están atentos a cada paso que da: “¿Cómo te fue en el control?”, “¡Feliz año Fátima! Vamosss linda mucha fuerza", “Quiero videos de cuando estés en Brasil en la playa”, son algunos de los mensajes que le dejan.
@fatimaheinrichjajajajaj yo estaba muy bien. @Margarita 🌼
♬ Mucho, poquito o nada - Margarita
La creación de contenido nunca fue cuestionada, ni por su familia ni por el equipo médico que la trataba. “Todos se sorprendían con la repercusión que tenían los videos y, además, me veían contenta cuando lo hacía”, dice.
Comenzó con lip syncs y challenges, pero los posteos fueron mutando. “Ahora tomé conciencia de lo grande que es esta red de apoyo y expongo más en profundidad cómo me siento o lo que me pasa porque sé que puede ser esperanzador para alguien que me sigue y la está pasando mal”.
Hoy, a un año y medio del diagnóstico y ya con el alta médica, Fátima vuelve a tener libertad. Ve la vida con otra perspectiva: “Agradezco cosas que antes daba por sentado. Soy muy distinta, antes caminaba por la calle y miraba al piso, en cambio, ahora camino y registro todo lo que hay a mi alrededor”.
Dice que cada noche antes de acostarse se acuerda del ruido de la campana, aquella que marcó el final de la quimioterapia. Retomó el estudio, las fiestas, las clases de teatro y escribe un libro en el que contará su historia. “A mí el cáncer me cambió la vida, pero por suerte”, finaliza.
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El “oro blanco” que equilibra la microbiota y mejora la salud digestiva
Este fermento ancestral proveniente del Cáucaso, ha comenzado a ser objeto de análisis científicos rigurosos. Publicaciones en bases como PubMed y BMC lo describen como una matriz simbiótica viva, compuesta por una diversidad de entre 30 y 60 microorganismos que interactúan con distintas funciones del organismo. Aunque los estudios en humanos aún son acotados y variados, los primeros resultados sugieren un posible rol en la regulación digestiva, la modulación inmunitaria y la recuperación del equilibrio microbiano.
El kéfir se obtiene a partir de gránulos blancos, gelatinosos, que concentran una comunidad de bacterias lácticas y levaduras. Durante el proceso de fermentación de azúcares, estos gránulos producen compuestos como ácido láctico, dióxido de carbono, etanol y otros metabolitos activos que modifican la estructura del líquido original, generando una bebida rica en microorganismos vivos.
“Es una simbiosis natural entre levaduras y bacterias que se potencia en ese entorno compartido”, explica César Casavola, presidente de la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas (SAMENUT).
Su origen se remonta a prácticas tradicionales del Cáucaso, donde se dejaba fermentar leche en recipientes de piel de cabra sin lavar. Así se descubrió que la película blanca generaba una bebida nueva, ácida, de sabor particular y más duradera. La llamaron kéfir, del turco keyif, que alude a la sensación de bienestar.
Dos variedades principales
- Kéfir de leche: ácido y espumoso, similar al yogur. Casavola destaca su aporte de proteínas, vitaminas B y K2, además de calcio y fósforo.
- Kéfir de agua: elaborado con frutas y azúcar, contiene menos proteínas y calorías, pero conserva los probióticos y compuestos bioactivos.

Qué beneficios se le atribuyen
La mayoría de los estudios realizados hasta hoy son in vitro o en modelos animales, pero sugieren que el consumo habitual de kéfir se asocia con mejoras en diversos indicadores:
- mayor tolerancia a la lactosa
- actividad antibacteriana
- disminución del colesterol
- regulación de la glucemia
- efecto antihipertensivo y antiinflamatorio
- acción antioxidante y antialérgica
- posible actividad anticancerígena
- propiedades cicatrizantes
1. Promueve la diversidad microbiana
Bacterias como Lactobacillus kefiranofaciens, L. plantarum, L. acidophilus y levaduras como Saccharomyces cerevisiae o Kluyveromyces marxianus ayudan a generar ácidos orgánicos, enzimas y kefiran, un polisacárido clave. Estos elementos modifican el entorno intestinal, reduciendo el pH, desplazando bacterias oportunistas y actuando como sustrato prebiótico.
Ambas variantes, tanto de leche como de agua, pueden aumentar la diversidad bacteriana. Beneficiosa, especialmente tras tratamientos con antibióticos o situaciones de estrés.
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“Favorece el desarrollo de Lactobacillus y Bifidobacterium, mientras suprime microorganismos dañinos, lo cual colabora en restablecer un entorno intestinal saludable”, indica Casavola.
Además, una microbiota en equilibrio mejora la absorción de nutrientes como calcio y magnesio. “Eso potencia la biodisponibilidad de vitaminas y minerales esenciales”, suma la nutricionista Milagros Sympson (M.N. 12067).
Un estudio en BMC Medicine mostró que en pacientes críticos, el kéfir ayudó a disminuir la disbiosis intestinal, un desbalance común en contextos de salud comprometida.
2. Alivia síntomas digestivos
El kéfir mejora la digestión al normalizar el tránsito intestinal, y puede ser útil en casos de constipación, diarreas o colon irritable. “Su capacidad probiótica y la reducción del pH colónico favorecen estos efectos”, afirma Casavola.
También produce enzimas que degradan la lactosa, facilitando la digestión en personas con intolerancia. Los péptidos y ácidos que genera actúan a nivel local reduciendo la inflamación: “Eso fortalece la barrera intestinal, lo que impide el ingreso de toxinas o patógenos”, detalla Sympson.
3. Refuerza las defensas
“Sus efectos inmunomoduladores provienen tanto de las bacterias como de los compuestos que se sintetizan durante la fermentación”, comenta Casavola. Entre ellos, péptidos que activan respuestas inmunes específicas contra infecciones.
Sympson subraya que una parte clave del sistema inmune reside en el intestino, por lo que mantener su equilibrio favorece una mejor respuesta general.
Cómo prepararlo
El kéfir puede elaborarse de forma casera colocando los gránulos en un frasco con leche (animal o vegetal) o agua con azúcar. La fermentación dura entre 24 y 48 horas a temperatura ambiente. Luego se cuela, se reutilizan los gránulos y se conserva refrigerado. Casavola recomienda:
- usar utensilios de vidrio o plástico esterilizados
- evitar el contacto con metales
- mantener una buena higiene de cocina y manos
- consumir dentro de los 7 a 10 días
En cuanto a la cantidad, con 100 a 200 ml diarios es suficiente para obtener beneficios comprobados. “Lo más importante es la constancia, que el kéfir sea de buena calidad y esté acompañado de una alimentación equilibrada”, concluye Sympson.
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Rosa mosqueta: beneficios y propiedades del fruto patagónico rico en calcio y magnesio

Llegar a Bariloche y saborear una tostada de pan casero con dulce de mosqueta es uno de los rituales que espero durante todo el año. Lo repito cada febrero, cuando arranco mis vacaciones en este lugar tan único y especial para mí. En base a lo que oí de otros turistas, no soy la única que cae en este antojo.
De sabor dulce, con un toque levemente ácido, delicado y muy particular. La mermelada se elabora a partir de la pulpa del fruto y, como suele pasar con los sabores especiales, no hay punto medio: o te encanta o no es lo tuyo.
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“En el sur la rosa mosqueta tiene muchos usos y, si bien el más tradicional es la mermelada, cada vez aparecen propuestas más creativas”, explica la médica nutricionista Analía Yamaguchi, especialista en EMDR. Cuenta que se utiliza también en infusiones y en blends de té, donde suele combinarse con té negro u otras hierbas para aportar sabor y aroma. En gastronomía, aclara, se emplea para preparar salsas agridulces que acompañan muy bien a las carnes.

Conocida también como Rosa rubiginosa o Rosa eglanteria, es un arbusto silvestre de hasta 2 metros de altura de la familia de las rosáceas, originario de Europa del Este y del norte de África.
El “oro blanco” que equilibra la microbiota y mejora la salud digestiva
Hace casi dos siglos fue introducida en la Patagonia y se adaptó tan bien al clima que hoy crece de forma silvestre en la región. Su fruto, conocido como escaramujo, es una baya carnosa de forma ovoide, color rojo o naranja intenso al madurar, y mide entre 1 y 3 cm. Se destaca por su alto contenido en vitamina C y antioxidantes.
Qué beneficios se le atribuyen al fruto de la rosa mosqueta
“La pulpa fresca tiene bajo contenido de grasa, más del 60% de agua y carbohidratos”, señala la doctora Yamaguchi. Entre sus nutrientes, se destacan la vitamina C, los ácidos grasos y minerales como el calcio y el magnesio. La médica nutricionista explica que, según un estudio de la Universidad Nacional del Comahue, 100 g de rosa mosqueta seca -o su harina- pueden aportar hasta 543 mg de calcio.
Los especialistas enumeran los siguientes beneficios del fruto de la rosa mosqueta:
1) Efectos antiinflamatorios
El sitio especializado en salud WebMD señala que los productos de rosa mosqueta han mostrado efectos antiinflamatorios. Según explica, se relaciona con compuestos presentes en el fruto llamados galactolípidos, que ayudarían a modular procesos inflamatorios en el organismo.

2) Acción antioxidante
Los frutos presentan un alto nivel de acción antioxidante y antimicrobiana, según indica un estudio publicado por los National Institute of Health, debido a su contenido de polifenoles, vitaminas C, E y del complejo B, además de carotenoides, que pueden actuar de forma sinérgica.
3) Aporta vitamina C
“Con un alto contenido de vitamina C, ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y favorece la salud de la piel”, aclara la médica nutricionista. Además, la Clínica Mayo señala que la vitamina C también contribuye con la cicatrización de heridas y protege articulaciones.

Cómo preparar el dulce de rosa mosqueta
La mermelada se prepara de manera artesanal y lleva tiempo y paciencia:
- Lavar bien los frutos y hervirlos en agua hasta que estén blandos (unos 30–40 minutos).
- Triturar la pulpa y luego pasarla por un colador fino o tamiz. Este paso es clave porque elimina las semillas y los pelitos internos, que pueden ser irritantes.
- Volcar la pulpa limpia en una olla, agregar el azúcar y cocinar a fuego bajo, revolviendo seguido.
- Para saber si está lista, colocar una gota en un platito frío: si al enfriar toma consistencia y no escurre rápido, la mermelada está en su punto.
- Retirar del fuego y envasar caliente en los frascos esterilizados. Tapar y dar vuelta a los frascos hasta que se enfríen (esto ayuda a generar vacío para una mejor conservación).
- Una vez fríos, guardar en la heladera.
El uso en cosmética
Otro uso de la rosa mosqueta es su aceite esencial, que se convirtió en uno de los secretos mejor guardados en el mundo del cuidado de la piel, aunque todavía falta evidencia científica.
El óleo se extrae de las semillas de la planta y algunos trabajos indican que es un potente regenerador y cicatrizante cutáneo. Según PubMed, estudios han demostrado que los extractos de rosa mosqueta también tienen efectos beneficiosos frente a distintos trastornos de la piel. Reportes de Medical News Today indican que contiene una alta concentración de ácidos grasos esenciales y vitaminas antioxidantes, elementos que ayudan a la renovación celular.
Por otra parte, el ingeniero Miguel Sampedro encontró la forma de procesar la rosa mosqueta sin originar desperdicios y creó una empresa que desde Chubut comercializa los derivados de este fruto en el exterior. En una entrevista anterior con LA NACION dijo: “El aceite de mosqueta tiene un alto contenido de retinol, un ácido muy utilizado por los laboratorios, que mejora la calidad de la piel”.
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No obstante, Pedro Barbosa, dermatólogo especialista en tricología e integrante de la Unidad de Pelo del Hospital Universitario Austral advierte: “Yo siempre le digo a mis pacientes: podría ayudar para algunas cicatrices postquirúrgicas, pero no hay suficiente evidencia como para decir que esto es algo bueno y va a generar alguna diferencia”. Y remata que, si se quiere usar como humectante y como último paso para sellar la humectación, “no está mal”.
Me quedo con este comentario. Irme a dormir todas las noches con aceite de mosqueta en mi piel es otro de mis placeres cuando voy a la Patagonia.
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Para mayores de 65 años: un estudio analiza si estar solo empeora la memoria con el tiempo
Un estudio europeo con seguimiento a 10.217 personas de entre 65 y 94 años concluye que la soledad se asocia con peores resultados iniciales en memoria, pero no con un deterioro cognitivo más rápido con el paso del tiempo, según datos recopilados entre 2012 y 2019.
La investigación, publicada en Aging & Mental Health, fue desarrollada por especialistas de la Clínica Universitaria de Navarra, la Universidad de Valencia, la Universidad del Rosario en Colombia y el Instituto Karolinska en Suecia. El análisis se basó en información de la Encuesta sobre salud, envejecimiento y jubilación en Europa (SHARE).
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Los resultados muestran que las personas con mayores niveles de soledad registraron puntajes más bajos en pruebas de memoria al inicio del estudio. Sin embargo, la evolución de esa capacidad a lo largo de los siete años fue similar a la de quienes reportaron niveles bajos o moderados de soledad.
Soledad y función cerebral en personas mayores
De acuerdo con la publicación, los hallazgos refuerzan «los fuertes vínculos que existen entre el sentimiento de soledad y la función cerebral en las personas mayores, al tiempo que respaldan la teoría de que el aislamiento no es necesariamente un factor de riesgo de demencia».
El autor principal, Luis Carlos Venegas-Sanabria, señaló: «El hallazgo de que la soledad afectaba significativamente a la memoria, pero no a la velocidad de su deterioro a lo largo del tiempo, fue un resultado sorprendente».
El investigador añadió que «la soledad podría desempeñar un papel más destacado en el estado inicial de la memoria que en su deterioro progresivo».
El objetivo del estudio fue examinar el impacto de la soledad en los cambios de la memoria, tanto inmediata como diferida, durante un periodo de siete años.
Distribución por regiones y características de los participantes
La muestra incluyó personas de varios países europeos, entre ellos España, Alemania, Suecia y Eslovenia.
Los datos evidencian que el sur de Europa presentó los niveles más altos de soledad (12 %), seguido por la región oriental (9 %), la septentrional (9 %) y la central (6 %).
En términos generales:
- El 92 % de los participantes reportó niveles bajos o medios de soledad al inicio.
- El 8 % presentó niveles altos.
El grupo con mayor soledad estaba compuesto por personas de mayor edad, en su mayoría mujeres, con reportes de peor estado de salud y mayor presencia de condiciones como depresión, hipertensión arterial y diabetes.

Además, estas personas obtuvieron resultados más bajos en pruebas de memoria inmediata y diferida al comienzo del estudio en comparación con quienes reportaron menor soledad.
A pesar de estas diferencias iniciales, el ritmo de deterioro de la memoria fue equivalente entre todos los grupos. Según la revista, esta «pendiente» de disminución se hizo más evidente entre el tercer y el séptimo año de evaluación.
Rosa mosqueta: beneficios y propiedades del fruto patagónico rico en calcio y magnesio
Los autores indican que el análisis consideró la soledad como una condición estable en el tiempo. No obstante, advierten que en la práctica esta percepción puede modificarse debido a cambios personales o del entorno a lo largo de la vida.
Asimismo, plantean que la evaluación periódica de la soledad podría incorporarse en los exámenes destinados a medir las capacidades cognitivas en personas mayores.
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